Implantes y cirugía
Qué resuelve
Un implante sustituye la raíz de un diente que ya no está. Encima va una corona, y esa corona vuelve a masticar.
No es una pieza que se coloca y ya: es un tornillo de titanio que tiene que integrarse en tu hueso, y quien manda es el hueso. Por eso lo primero que miramos no es el hueco, sino lo que hay debajo y alrededor.
Cómo lo hacemos aquí
Planificamos sobre el volumen completo: cuánto hueso hay, de qué calidad, por dónde pasa el nervio y cómo cierra la boca del lado contrario. Con eso decidimos la posición del implante en función de la corona que va a llevar encima, no al revés. Si falta hueso, te decimos cuánto falta y qué injerto haría falta. Si no hace falta injerto, no se hace.
Qué vas a notar
La cirugía se hace con anestesia local y la mayoría de la gente describe presión, no dolor. Después hay unos días de inflamación, con pauta de analgesia y frío por escrito. Entre la colocación y la corona definitiva pasa el tiempo de integración; si la zona se ve al hablar, no te vas de aquí con el hueco a la vista.
Si fumas mucho y no quieres reducirlo, y si hay encía inflamada o periodontitis sin tratar. Un implante rodeado de encía enferma se pierde igual que se pierde un diente: primero tratamos eso y luego hablamos. También lo aplazamos cuando hay bruxismo sin controlar; ahí la férula va antes que el titanio.