Carta del taller · Prat & Ferrer

Qué hay detrás de una pieza que cabe en un dedal

En esta página no vas a ver ni una sonrisa. Vas a ver instrumental, una guía de color, una pieza en la mano y una ventana. Es a propósito: lo que se enseña normalmente es el final, y el final se parece siempre. Lo que distingue un trabajo de otro pasa antes, en decisiones que el paciente no ve y que casi nunca se le cuentan.

Compramos el material por su nombre y no por su precio. Aquí no citamos marcas —cambian, y una marca no explica nada—, pero sí familias: zirconio, disilicato de litio, titanio, composite. Cada una tiene un motivo clínico y una consecuencia dentro de tu boca. Si te ponemos una, te decimos cuál y por qué, y queda escrito.

Medimos en décimas de milímetro porque a esa escala se juega lo importante. Entre una corona y el diente tallado hay una línea; si esa línea no cierra, ahí se acumula placa, y lo que empieza siendo un detalle de ajuste acaba siendo una encía inflamada. Por eso una pieza que no nos convence vuelve al laboratorio antes de llegar a tu boca, aunque eso signifique una cita más.

El escáner sustituyó a la pasta de impresión y no la echamos de menos. Capturamos la arcada por sectores y, si un tramo sale movido, se repite ese tramo y no toda la toma: nadie vuelve a morder una cubeta llena. El archivo viaja al laboratorio tal cual, sin deformarse por el camino, y se guarda. Dentro de un tiempo sabremos cómo era tu boca hoy.

La luz de las salas se eligió cálida a propósito. El color de un diente no se decide bajo un foco azul, porque bajo un foco azul todo parece más blanco de lo que es y el resultado te decepciona en tu cocina. El tono se elige con guía física, junto a la ventana y contigo delante. Es más lento y se acierta más.

Hay partes del trabajo que van despacio porque no pueden ir de otra manera. El pulido final es una de ellas: una superficie rugosa retiene placa y se tiñe; una superficie bien pulida, no. Nadie va a mirarla nunca de cerca y se nota durante años. Ese es más o menos el resumen de este oficio.

Y esto es lo que significa que la clínica se llame por dos apellidos: que no hay a quién señalar. El material lo elegimos nosotros, el trabajo lo hacemos nosotros y, si algo falla, lo revisamos nosotros. No es una promesa comercial. Es la consecuencia de firmar.

Prat & Ferrer

Caminet de les Vinyes, 10 · 08302 Mataró

La mesa de trabajo, tal como está.

Desliza para ver las tres →

Instrumental dental ordenado en fila sobre un paño de lino
Una bandeja por paciente. Se monta entera antes de que entres y se retira entera al salir.
Guía de colores de porcelana dental desplegada en abanico sobre una superficie de piedra
El tono se compara con guía física y luz de ventana. Nunca a partir de una foto de móvil.
Manos puliendo una pieza dental con un micromotor en la mesa de laboratorio
El pulido es lo último y lo más lento: una superficie rugosa retiene placa; una pulida, no.

Cuatro materiales y el motivo de cada uno.

Ninguno es mejor que los otros: cada uno resuelve algo distinto y falla de una manera distinta. Esto es lo que tenemos en cuenta antes de elegir por ti, y lo que te vamos a explicar cuando lo hagamos.

Una cerámica muy dura que se fresa en un solo bloque: no lleva metal debajo ni una capa de porcelana encima que pueda astillarse. Aguanta bien la carga de los sectores posteriores y el desgaste de quien aprieta por la noche. Es menos translúcido que el disilicato, así que en un incisivo hay que valorarlo con calma.

Se usa cuando manda la resistencia: muelas, puentes y bocas con bruxismo.

Cerámica de vidrio que deja pasar la luz de forma parecida al esmalte, y por eso funciona delante. Se adhiere al diente en lugar de sujetarse solo por retención, lo que permite tallar menos y trabajar con espesores finos: carillas, incrustaciones, coronas anteriores. Necesita estructura sana donde agarrarse.

Se usa cuando manda el aspecto y queda diente sano al que adherirse.

Es el material de los implantes porque el hueso tolera su superficie y crece pegado a ella: eso es la osteointegración, y es lo que después sostiene la corona. No se puede acelerar; el hueso tarda lo que tarda. Antes de colocar uno medimos cuánto hueso hay, de qué calidad y en qué dirección.

Se usa cuando falta la raíz y hay hueso —o se puede reconstruir— para sostenerla.

Resina que se coloca por capas, se modela en la boca y se cura con luz. Su ventaja no es el precio: es que se puede reparar sin rehacerlo todo y que apenas obliga a tocar diente sano. Envejece antes que la cerámica y se tiñe con el tiempo; se revisa y se vuelve a pulir.

Se usa cuando la pérdida es pequeña y conviene conservar todo el diente posible.

Escáner intraoral en la mano frente a una pantalla con la malla tridimensional de una arcada

Lo digital sirve para ver mejor, no para ir más rápido.

La cámara recorre los dientes y la arcada aparece en pantalla mientras se captura. Eso cambia dos cosas: tú ves lo mismo que vemos nosotros en el momento, y el modelo se envía al laboratorio sin pasar por yeso, así que no hay una copia de una copia.

Una radiografía es una prueba, no un trámite. Pedimos la que va a cambiar lo que hagamos y limitamos el campo a la zona que interesa: menos volumen explorado, menos dosis. Si traes pruebas recientes de otra clínica, las pedimos antes de repetir nada.

Sobre ese archivo se diseña la pieza y se fabrica; después vuelve aquí. La prueba en boca sigue siendo física y sigue haciéndose despacio: lo digital acorta el camino, no sustituye al ajuste.

Escaneado por sectores: si un tramo sale movido se repite ese tramo, no toda la toma.

Esterilización, contada sin misterio.

Es la parte del trabajo que nadie enseña porque no es fotogénica. Son seis pasos, siempre los mismos, y el instrumental no vuelve a una sala hasta que ha hecho el circuito entero.

  1. 01 · RecepciónEl instrumental usado se separa del limpio al terminar la cita. No se deja a medias ni se mezcla.
  2. 02 · UltrasonidosLimpieza en cuba de ultrasonidos: lo que no se ve a simple vista tampoco puede quedarse ahí.
  3. 03 · SecadoSe seca por completo. La humedad arruina el empaquetado y el ciclo que viene después.
  4. 04 · EmpaquetadoBolsa sellada con testigo químico: si el testigo no vira, esa bolsa no se usa.
  5. 05 · AutoclaveCiclo de vapor a presión con su registro. El ciclo se comprueba, no se supone.
  6. 06 · AlmacenadoGuardado con fecha y cerrado. La bolsa se abre delante de ti, en la sala, no antes.
Interior de Prat & Ferrer clínica dental en Mataró
Todo lo que entra en tu boca sale de una bolsa cerrada con fecha.

Pocas salas, luz de ventana y silencio.

Las tres cosas son decisiones clínicas, no decorativas. Con pocas salas la agenda no se solapa: mientras estás dentro, no hay otro paciente esperando a que salgamos un momento. Con luz natural el color se comprueba en la misma luz en la que vas a vivir. Y el silencio hace falta porque parte de la visita consiste en escucharte contar qué te pasa.

Sala de trabajo de Prat & Ferrer clínica dental en Mataró
Agenda sin solapes: el tiempo de tu cita es tuyo entero.
Luz de tarde entrando por una ventana sobre una pared clara y una silla de trabajo
El color se aprueba junto a la ventana, no solo bajo el foco.

Lo que ponemos en tu boca queda registrado y queda escrito.

  1. 01

    Si una pieza que hemos colocado falla, la revisamos nosotros. No te mandamos a otro sitio ni discutimos de quién es la culpa.

  2. 02

    Guardamos el registro de cada trabajo: material y lote. Si años después hay que intervenir, sabremos qué hay debajo.

  3. 03

    Te lo damos por escrito, con su nombre. Si algún día te atiende otro profesional, en otra ciudad, sabrá qué tiene delante.

Sin cifras de garantía en letra pequeña: lo que hay es este compromiso, y lo sostenemos nosotros.

El taller lo llevan dos personas.

Los materiales explican el cómo. El criterio para elegir entre ellos —y para decir que no— explica el porqué.

Cómo trabajamos
Llamar Pedir cita